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Charlas sobre los mártires en
Castilla-La Mancha

Numerosas
han sido las charlas que se han ofrecido durante los últimos meses
en diversas parroquias, colegios y conventos sobre los mártires
del Coll. Un acontecimiento de este calibre no suele repetirse en
la vida quienes les quieren y admiran, ya sea por motivos
familiares o por pertenencia a un mismo Instituto. Entra en la
lógica de las Congregaciones tener el oído atento para correr
donde se insinúe el más mínimo deseo de escuchar sobre el tema.
La última
actividad tuvo lugar los días 14 y 15 de septiembre. Los PP. Josep
Amengual y Manuel Soler, juntamente con el historiador mallorquín
Pere Fullana, dieron unas charlas en la población manchega de
Villanueva de Alcardete, provincia de Toledo. Participaron unas
180 personas. La mayoría eran religiosas Franciscanas de la
Misericordia procedentes de diversos pueblos del entorno. Allá
estaban los miembros de la Curia y del Juniorado, ambas
residencias sitas en Madrid. También hicieron acto de presencia
las Hnas. de conventos pertenecientes a la provincia de Cuenca,
Toledo y Cáceres. Se hicieron igualmente presentes un notable
número de profesores de distintos colegios regidos por las
franciscanas.
Una
contienda incivil
El Sr. Pere
Fullana esbozó un cuadro general de la guerra civil con fuerte
sentido crítico. Matizó con esmero para no caer en afirmaciones
globales que no se corresponden con la verdad histórica. Hizo
equilibrios y recurrió a múltiples distingos para desmenuzar la
situación de fondo que provocó la contienda. Así logró mantenerse
en una postura ecuánime y objetiva dentro de lo que estas
situaciones permiten. Insistió en que no todos los grupos hacían
gala de la misma ideología ni de la misma agresividad.
Se preguntó
el por qué de una masacre tan global y encarnizada como la de
1936. ¿Qué sensible resorte se ponía en marcha en estos hombres
capaces de asesinar cuando se les hablaba del tema religioso? ¿Qué
traumas, qué odios se despertaban en ellos? ¿Qué venganzas o
inconformidades se exasperaban para agredir, hasta la muerte, a
los clérigos e incluso a los simples laicos que profesaban la fe
católica? ¿Por qué una imagen o un escapulario les enardecía y
sacaba de quicio? El conferencista aludió a la aversión que
sentían muchos a la Iglesia. Representaba para ellos una suma de
malquerencias e injusticias sociales. Todo lo cual desembocó, o
quizás caminó en paralelo, a una especie de sacrofobia.
Cualquier imagen o símbolo religioso en ellos una inquina
irracional.
Unos
protagonistas rectos y sencillos
El P. Manuel
Soler se refirió al estilo de vida de los religiosos de la época.
Un estilo recto, austero, huérfano de ambiciones. Los congregantes
que vivieron con ellos, la gente que les conoció, ofrecieron
testimonios sin fisuras: se trataba de personas sencillas, sin
iniciativas de grandes vuelos. Se deduce fácilmente echando una
ojeada a su curriculum, escuchando los testimonios de quienes les
trataron.
Unos
impartieron clases y tuvieron dificultades para imponer la
disciplina entre sus alumnos. Otros se dedicaron en cuerpo y alma
a atender a los feligreses en la predicación y la administración
de los sacramentos. Los Hnos. trabajaron en la huerta, en tareas
domésticas, subieron y bajaron la montaña del Coll para realizar
las compras de cada día. No fueron grandes líderes, ciertamente,
ni tampoco se convirtieron en ningún momento en focos de conflicto
a causa de su desbordante personalidad. Donde quiera pasaron, no
pusieron de manifiesto un carácter impetuoso, ni un comportamiento
fuera de lo común.
El
conferencista se extendió en los rasgos biográficos de las Hnas.
Franciscanas, dado que el público asistente se sentía más
vinculado a ellas. Sor Catalina gravitó a lo largo de su vida
alrededor del lecho de los enfermos. Los atendió con afecto y
esmero. Se lo reconocía todo el barrio. Por su parte Sor Miquela
estuvo cerca de los más pequeños para que los papás pudieran ir al
trabajo.
Concluyó la
charla con unas afirmaciones relativas a la superación de la carga
ideológica propia de la guerra. Por Jesucristo se puede morir,
pero no matar. Aunque tras una contienda civil las cosas ya no
vuelven a ser como antes, hay que intentar mil veces poner paz y
reconciliación. Nada de amenazar con que volveremos a las andadas.
Aparte de que las circunstancias y el nivel de vida son muy
distintos, en las amenazas late lo que no se afirma
explícitamente: si no actúan como digo, de acuerdo a mis criterios
y propuestas, aparecerá de nuevo la violencia. Mensaje inaceptable
en tiempos pluralistas y democráticos.
Un perdón
a ofrecer y a solicitar
El P. Josep
Amengual presentó un power point muy adecuado. No sólo se
refirió al perdón en general. Fue explícito y expeditivo, quiso
dar un paso más y pasar del ofrecimiento del perdón a la petición
de perdón por las muchas situaciones oscuras en que incurrió la
Iglesia, particularmente la alta jerarquía.
El
conferencista relató que en la contiende un presbítero acosado,
que se escondió en lo profundo de un bosque, se pasó la noche
preguntando: ¿rechazan a los ministros por causa de Jesús, o
rechazan a Jesús por causa de sus ministros? No es fácil la
respuesta y ésta debe ser tan y matizada como el filo de un
bisturí.
Luego hizo
varias reflexiones. Si hemos esperado 70 años para ver reconocido
el martirio de nuestros hermanos, ahora hay que darle la
importancia que el hecho conlleva. El decreto de Benedicto XVI es
una misión para nosotros. Interpela a preguntarnos: ¿Cómo se llama
y cómo experimentamos a nuestro Dios? ¿Cuál es el Cristo que
predicamos? ¿Qué Iglesia queremos? ¿Qué estilo de Congregación
promocionaremos?
Terminó
preguntándose cómo explicaremos la beatificación de los mártires
del Coll a nuestro mundo si no es bajo el prisma de un mensaje de
reconciliación. Auguró que la beatificación se convierta en
reclamo para un nuevo estilo de convivencia. La beatificación nos
invita a ser profetas del perdón y la reconciliación. En realidad
el perdón es constitutivo de la identidad de la Iglesia.

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