Con el corazón en la mano (bloc msscc)

 

 

 

17 septiembre 2007

 

 

 

DIOS PADRE


 

Formación Permanente 2007

 

 

 

 

 

5


DIOS Y LA POSTMODERNIDAD

 

 

¿No habéis oído hablar de aquel hombre loco que en pleno día encendió una
linterna, fue corriendo a la plaza y gritó sin cesar: "¡Ando buscando a Dios! ¡Ando buscando a Dios!" Como en aquellos momentos había en la plaza muchos de los que no creían en Dios, provocó gran regocijo.  "¿Es que se ha perdido?", dijo uno de los circunstantes. "¿Es que se ha extraviado como cualquier criatura?", exclamó otro. "¿Se habrá ocultado?" "¿Es que nos tiene miedo?" "¿Se ha embarcado?" "¿Ha emigrado, acaso?", así gritaron todos, riendo a carcajadas. 

 

El hombre loco se precipitó por entre ellos y los fulminó con la mirada.
"¿Preguntáis qué ha sido de Dios?" gritó. "¡Os lo voy a decir. ¡Lo hemos muerto, vosotros y yo! ¡Todos nosotros somos sus asesinos! ¿Cómo fue esto?  ¿Cómo pudimos vaciar el mar? ¿Quién nos dio la esponja para borrar todo el horizonte?  ¿Qué hicimos al desatar esta Tierra de su Sol?
 ¿Hacia dónde se desplaza ella ahora? ¿Adónde vamos? ¿Nos vamos alejando de todos los soles?  ¿No estamos cayendo continuamente? ¿Hacia atrás, hacia un costado, hacia adelante, hacia todos lados? ¿Existe todavía un arriba y abajo? ¿No estamos vagando como a través de una nada infinita? ¿No nos roza el soplo del vacío? ¿No hace ahora más frío que antes? ¿No cae constantemente la noche, y cada vez más noche? 

 

(Nietzsche, La gaya ciencia)

 

 

En estas palabras unos ven la raíz del nihilismo postmodernista de hoy: hemos borrado el horizonte, nos quedamos sin sol. Andamos a tientas, sin saber a donde vamos. Pero otros hacen notar que precisamente en la postmodernidad Dios está más vivo que nunca. De modo que la tesis de la muerte de Dios por Nietzsche no se ha cumplido. Cierto que un Dios diferente al de Jesucristo, pero al fin y al cabo, una energía que nos sobrepasa, una entidad que nos seduce y atrae.

 

Vamos a ver estas cosas con algo más de detalle. Y empecemos por precisar a qué llamamos modernidad y a qué  postmodernidad.

 

 

1. Modernidad. Desde la Ilustración, los enciclopedistas franceses hasta el mayo francés del 68. Características: la máquina para producir más. Los cronogramas y organigramas para aprovechar al máximo las fuerzas y capacidades humanas. La racionalidad en las cuentas y en los planteamientos y planes.

 

Esta modernidad prometía la felicidad: en la versión capitalista: progreso sin fin, producir, comprar, vender, consumir. En la versión marxista: una especie de cielo laico: al fina todos reconciliados, aunque haya que pasar por la dictadura del proletariado y la lucha de clases. Nos espera la patria feliz.

 

La modernidad creía en ideas y relatos. La disciplina, la moral, una política que mejorara la calidad de vida de todos. La dignidad de la persona: de ahí que los hijos anhelaran independizarse. Se tenía fe, en el marxismo, en la libertad, en el progreso. Ya sospechaba y recelaba de las religiones porque no se atenían a los estrictos raciocinios. Y la fe en la razón lo permeaba todo.

 

 

2. La postmodernidad marca el fin de todas estas convicciones. El 68 se pone como fecha: hay que derrumbar estos valores y crear otros. Por tanto hay ir contracorriente, crear una contracultura.

 

i Excesiva competitividad. La sociedad moderna, con su razonamiento y cronograma nos ha conducido a una sociedad explotadora, competitiva, llena de tensiones. Se busca paz, tranquilidad.

 

i Desencantamiento. La modernidad nos ha desencantado. Las grandes esperanzas no se han cumplido. A cambio: Hiroshima, consumismo, publicidad, explotación de la naturaleza. Necesitamos mística, libertad, volver a encantar el mundo y descubrir su belleza. No solo sacarle jugo, sino admirarlo. Necesitamos incluso trascendencia, pues sentimos nostalgia y no queremos encerrarnos en el estrecho mundo utilitario.

 

i Dictadura de la razón. Necesitamos dar más lugar a los sentimientos (cómo te sientes?). Necesitamos un poco más de misterio y de espontaneidad. La vida es mucho más que trabajar y que ser disciplinado. La vida pasa por el ocio y el sentimiento y el juego.

 

i Demasiado uniformismo. Nada de que todo el mundo crea en un relato como el Génesis o el Exodo, ni que tenga una misma moral heterosexual. Estas pretensiones servían para dominar las conciencias o para imponer una única visión. La vida nos ofrece un menú más amplio. Seamos pluralistas: hinduismo, budismo, islam... lo que uno desee. Reencarnación o no, a gusto del consumidor. Que cada uno construya la historia de su vida, su propio relato. (Nada de metarrelatos, sino vivir en el fragmento, en el pensamiento débil).

 

3. Consecuencias para la religión y la moral. Tradicionalmente el punto de apoyo de la cultura era Dios, el cual fundamentaba los valores. Tanto Dios como el fundamento de los valores se situaba en el "más allá". Luego la modernidad trató de trasladar el fundamento de los valores hacia el "más acá": se trataba de valores humanos y nada más. El postmodernista no cree en el más allá ni en el más acá como fundamento de valores. Religión desacreditada.

 

i Ha desacreditado a la religión. Sospecha de ella porque ha sido rémora en muchos casos para la ciencia, porque ha motivado tensiones y guerras, porque no tiene un fundamento claro. Entonces no hay punto de referencia. Nietzsche: hemos borrado el horizonte... ¿a dónde vamos? No vamos a ninguna parte. Es ridículo esperar la salvación de un pasado, como lo es renunciar al momento actual en aras de un futuro del que ignoramos todo. No existe la utopía. La vida no tiene un hilo conductor. Está hecha de fragmentos. En todo caso interesa aprovechar el momento presente, lo único que tenemos entre manos. No hay historia, solo hay una nada y una sinrazón que todo lo empapa.

 

i Tenemos que pasarlo bien. La modernidad se asoció a la figura mitológica de Prometeo. Ya saben: el héroe que robó el fuego a los dioses a favor de la humanidad. Un héroe esforzado, capaz de compromisos y utopías, al precio que fuera. El precio fue que los dioses lo mantuvieron atado a un árbol mientras un buitre le comía el hígado. La postmodernidad prefiere otra figura mitológica: Narciso. El que fundamenta su persona sobre el hedonismo y la estética. El hombre postmoderno cultiva desmesuradamente su yo: cosméticos, operaciones, modas... Su voluntad es la última norma del bien y el mal. La verdad, la belleza, la moralidad es lo que él dictamina. Este egoísmo o egotismo le lleva a una profunda soledad. Ríe y sonríe, aparece en los medios, pero en el fondo está solo.

 

i Intimismo y consumismo. Por tanto el postmoderno se desinteresa de lo que sucede en la sociedad. No es su problema. Murieron los grandes ideales éticos y las luchas por lograr la victoria de un partido y una política que mejorar el mundo. Ahora uno se contenta con darle vueltas a  su intimidad. Se mira una y otra vez a sí mismo, como Narciso en el arroyo. Tiene sed de placer en sus diferentes vertientes: sexo, droga, velocidad, música, play station. Uno se refugia dentro de sí mismo y a veces hasta sucede literalmente: adolescente que no sale de su habitación y se vuelca en internet, música y juegos.

 

i Un hombre o mujer light. Persona individualista que da vueltas a sí mismo. Subjetivo en lo moral, lo religioso y lo político. Indiferente al sentido de la vida, a la trascendencia, a las utopías, propenso a desfallecer. Siempre es espectador: se entera de todo mirando la TV, pero no se compromete a nada. Quebradizo, inconsistente. La levedad del ser, se titula una novela que describe estas actitudes y comportamientos.

 

4. Retos de la postmodernidad a la fe cristiana. Estos rasgos del hombre postmoderno levantan retos y desafíos a la fe. Nos sugieren cómo actuar de modo que seamos capaces de decir algo que vale la pena.

 

i Tenemos derecho a criticar al hombre light. Su poco compromiso, su capacidad acomodaticia, su sincretismo. Pero no desde unas ideas y actitudes pre-modernas: sin respetar el pluralismo, ni la democracia, queriendo imponer la fe o la moral. No. Desde ahí, de ninguna manera. No se nos entenderá, más bien se nos despreciará.

 

i El tipo de inculturación de la sociedad al que aspiramos no es el de imposición, sino el de la levadura. La Edad Media configuró la sociedad: misa, ángelus, refranes, fiestas... La inculturación que se nos pide es la de ser levadura, la de invitar. Si quieres... ven y sígueme. Lo contrario no hace más que generar rechazo.

 

i El individualismo y el relativismo, la amoralidad, dejan un poso de tristeza. UN vacío enorme. Aparecen los sucedáneos, por ejemplo, los clubes. Con su liturgia, sus himnos, sus slogans, sus ídolos, el fervor de las masas, las concentraciones...

 

i Resignémonos a que no podemos competir con los MCS. Ellos tienen presupeustos y estrellas inalcanzables. Explotan la moda, los protagonismos, el glamour. Acuden a los reportajes brillantes, a la simultaneidad... El medio es el mensaje. El misterio, la trascendencia, no encajan bien con los medios de la postmodernidad: TV, video, cine.

 

i Hay datos que producen antipatía y originan rechazo: ser poco urbanos, no valoración de la mujer, de los laicos. Reproches constantes de la jerarquía a la sociedad, entrometerse en las conciencias, dictaminar sobre todo, actitudes malhumoradas.

 

i Finalmente: la religión tiene que tener una dosis mayor demisterio, de trascendencia. Muchos que se han alejado tienen la misma queja en los labios ante nuestras celebraciones: "no me dice nada..."

 

5. La religión de la Nueva Era. La postmodernidad se asocia a la NE.

 

i El término Nueva Era o New Age utilizado durante la segunda mitad del siglo XX y principios del XXI se refiere a la Era de Acuario y nace de la creencia astrológica de que el sol pasa un período de tiempo (era) por cada uno de los signos del zodíaco. Según esta creencia, la Era de Acuario marcaría el comienzo de un cambio en la conciencia del ser humano, que ya estaría empezando a notarse y que llevaría asociado un tiempo de prosperidad, paz y abundancia.

 

i Este movimiento, a diferencia de otras religiones, carece de textos sagrados, de una organización central, de membrecías, sacerdocio, de dogmas... Es un movimiento espiritual libre, una red de practicantes y creyentes que comparten ideas y prácticas varias. Los escritores sobre sus temas típicos toman el lugar de una organización central. Los seminarios, convenciones, libros y grupos informales. A este propósito recientes encuestas en USA indican que uno de cuatro creyentes creen en un concepto no tradicional de la naturaleza divina, generalmente en cuanto a definirlo no persona y como energía superior.

 

i Las Fuentes de la NE se pueden rastrear en elementos de Hinduismo, Tradiciones gnósticas, Taoismo, Astrología, Channeling, Movimientos neopaganos... Algunas creencias fundamentales: Panteísmo, Reencarnación, Karma, Aura, Responsabilidad ecológica, Nuevo Orden (Acuario), Transformación de la conciencia. Y alguna prácticas fundamentales de la NE: Channeling, Cristales, Música peculiar, Meditación, Adivinación, Astrología, Salud holística (a través de numerosos métodos), Potencial humano...

 

6. Elementos positivos o aprovechables de la NE.

 

i Se recupera la dimensión religiosa, espiritual y mística. La modernidad favoreció un ateísmo agresivo, un secularismo radical, desencantó el mundo. La NE reacciona e intenta llenar el vacío de lo sacral y recuperar el sentido místico hacia la trascendencia (aunque de un dios diverso del cristiano se trate). Da un toque de atención a la religiosidad tradicional demasiado cargada de dogmas, ritos y preceptos. Demasiado protagonismo de lo institucional y de una liturgia recargada. Poco espacio a la espontaneidad y al sentimiento.

 

i Invita a ser más respetuosos con Dios. A El nadie lo ha visto, dice Jn. Luego no recurrir a la verborrea, no manipularlo con medallas y milagros. No lo conocemos como si jugáramos con El a las cartas cada noche. Más respeto. Recuperar la tradición de la teología negativa: no decir quien es Dios, sino quién no es. De hecho: in-material, in-efable, in-finito...

 

i Trata de reconciliar religión y felicidad. Arrastramos el lamentable equívoco de que la renuncia, el dolor y la penitencia ocupan el centro de la fe y que este centro es enemigo de la vida, de la belleza y la alegría. Nietzsche habló duramente al respecto. Naturalmente, hay que matizar qué se entiende por felicidad, cómo no puede reducirse al intimismo. Pero también es cierto que la experiencia religiosa debe ser de carácter integral.

 

i Favorece el ecumenismo, la pluralidad, la tolerancia. Cierto que es porque nada es plenamente verdadero y sí relativo, pero nos enseña la capacidad de ser pluralistas, de caminar hacia una ética universal. No todas las religiones son iguales, pero hay que caminar juntos mientras esto sea posible. Tanto en el compromiso con la sociedad como en una moral compartida y como en el respeto al camino que cada uno elija para llegar a Dios (saddana).

 

i Apela a la responsabilidad hacia la naturaleza, se preocupa por la ecología. El mundo no es mero material que conquistar y explotar, sino la madre de la que dependemos los seres humanos, la inspiración en la creación de la belleza, la ventana que permite asomarnos a la trascendencia.

 

i No somos dioses, pero sí imagen de Dios. Hay que alimentar la autoestima. La gloria de Dios es que el hombre viva (Ireneo).

 

7. Elementos negativos, desafiantes.

 

i Un rostro difuso de Dios, una religiosidad sin Dios y sin trascendencia real. Experiencia religiosa repleta de nostalgia, pero que no sobrepasa la experiencia estética. Todo es dios, yo soy dios. Dios es una energía. No es el Dios del AT y NT que dialoga con su pueblo, a quien se le puede tratar de Tú, que se encarna en Jesucristo. Ha escrito Fergusson: la experiencia de Dios es un flujo, una totalidad, un kaleidoscopio infinito de vida y de muerte, la última causa, el fondo de las cosas, el silencio del que provienen todos los sonidos... la matriz organizadora inexpresable...

 

i Jesús es una de las grandes revelaciones de Dios en la historia, una más. Pero el Jesús histórico poco tiene que ver con la energía crística. Jesús no es mero revelador de la conciencia profunda, sino Salvador. La cruz es desterrada definitivamente de la NE. No existe el pecado, sino el error o la conciencia poco evolucionada.

 

i Una espiritualidad pragmática: dice reconciliar la felicidad con la espiritualidad, pero su religión solo procura intereses y objetivos utilitarios. La espiritualidad comienza y acaba en la persona. No hay diálogo, sino monólogo. La salvación se consigue a bajo costo: basta cambiar la conciencia para dominar las fuerzas adversas, para que desaparezca el dolor y la enfermedad. Es excesiva la promesa de cambiarlo todo con solo crecer en la conciencia. No hay compromiso, no hay ascética.  Sí, en cambio, mucha curiosidad y deseo de esoterismo.

 

 


 

 

Manuel Soler Palà, M.SS.CC.