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DIOS PADRE
Formación Permanente 2007

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DIOS Y LA POSTMODERNIDAD
¿No habéis oído hablar de
aquel hombre loco que en pleno día encendió una
linterna, fue corriendo a la plaza y gritó sin cesar: "¡Ando
buscando a Dios! ¡Ando buscando a Dios!" Como en aquellos momentos
había en la plaza muchos de los que no creían en Dios, provocó
gran regocijo. "¿Es que se ha perdido?", dijo uno de los
circunstantes. "¿Es que se ha extraviado como cualquier
criatura?", exclamó otro. "¿Se habrá ocultado?" "¿Es que nos tiene
miedo?" "¿Se ha embarcado?" "¿Ha emigrado, acaso?", así gritaron
todos, riendo a carcajadas.
El hombre loco se precipitó
por entre ellos y los fulminó con la mirada.
"¿Preguntáis qué ha sido de Dios?" gritó. "¡Os lo voy a decir. ¡Lo
hemos muerto, vosotros y yo! ¡Todos nosotros somos sus asesinos!
¿Cómo fue esto? ¿Cómo pudimos vaciar el mar? ¿Quién nos dio la
esponja para borrar todo el horizonte? ¿Qué hicimos al desatar
esta Tierra de su Sol?
¿Hacia dónde se desplaza ella ahora? ¿Adónde vamos? ¿Nos vamos
alejando de todos los soles? ¿No estamos cayendo continuamente?
¿Hacia atrás, hacia un costado, hacia adelante, hacia todos lados?
¿Existe todavía un arriba y abajo? ¿No estamos vagando como a
través de una nada infinita? ¿No nos roza el soplo del vacío? ¿No
hace ahora más frío que antes? ¿No cae constantemente la noche, y
cada vez más noche?
(Nietzsche, La gaya ciencia)
En estas palabras unos ven la raíz del
nihilismo postmodernista de hoy: hemos borrado el horizonte, nos
quedamos sin sol. Andamos a tientas, sin saber a donde vamos. Pero
otros hacen notar que precisamente en la postmodernidad Dios está
más vivo que nunca. De modo que la tesis de la muerte de Dios por
Nietzsche no se ha cumplido. Cierto que un Dios diferente al de
Jesucristo, pero al fin y al cabo, una energía que nos sobrepasa,
una entidad que nos seduce y atrae.
Vamos a ver estas cosas con algo más de
detalle. Y empecemos por precisar a qué llamamos modernidad y a
qué postmodernidad.
1.
Modernidad.
Desde la Ilustración, los enciclopedistas franceses hasta
el mayo francés del 68. Características: la máquina para producir
más. Los cronogramas y organigramas para aprovechar al máximo las
fuerzas y capacidades humanas. La racionalidad en las cuentas y en
los planteamientos y planes.
Esta modernidad prometía la felicidad: en la
versión capitalista: progreso sin fin, producir, comprar, vender,
consumir. En la versión marxista: una especie de cielo laico: al
fina todos reconciliados, aunque haya que pasar por la dictadura
del proletariado y la lucha de clases. Nos espera la patria feliz.
La modernidad creía en ideas y relatos. La
disciplina, la moral, una política que mejorara la calidad de vida
de todos. La dignidad de la persona: de ahí que los hijos
anhelaran independizarse. Se tenía fe, en el marxismo, en la
libertad, en el progreso. Ya sospechaba y recelaba de las
religiones porque no se atenían a los estrictos raciocinios. Y la
fe en la razón lo permeaba todo.
2.
La postmodernidad
marca el fin de todas estas convicciones. El 68 se pone
como fecha: hay que derrumbar estos valores y crear otros. Por
tanto hay ir contracorriente, crear una contracultura.
i Excesiva competitividad.
La sociedad moderna, con su razonamiento y cronograma nos ha
conducido a una sociedad explotadora, competitiva, llena de
tensiones. Se busca paz, tranquilidad.
i Desencantamiento. La
modernidad nos ha desencantado. Las grandes esperanzas no se han
cumplido. A cambio: Hiroshima, consumismo, publicidad, explotación
de la naturaleza. Necesitamos mística, libertad, volver a encantar
el mundo y descubrir su belleza. No solo sacarle jugo, sino
admirarlo. Necesitamos incluso trascendencia, pues sentimos
nostalgia y no queremos encerrarnos en el estrecho mundo
utilitario.
i Dictadura de la razón.
Necesitamos dar más lugar a los sentimientos (cómo te sientes?).
Necesitamos un poco más de misterio y de espontaneidad. La vida es
mucho más que trabajar y que ser disciplinado. La vida pasa por el
ocio y el sentimiento y el juego.
i Demasiado uniformismo.
Nada de que todo el mundo crea en un relato como el Génesis o el
Exodo, ni que tenga una misma moral heterosexual. Estas
pretensiones servían para dominar las conciencias o para imponer
una única visión. La vida nos ofrece un menú más amplio. Seamos
pluralistas: hinduismo, budismo, islam... lo que uno desee.
Reencarnación o no, a gusto del consumidor. Que cada uno construya
la historia de su vida, su propio relato. (Nada de metarrelatos,
sino vivir en el fragmento, en el pensamiento débil).
3.
Consecuencias para la religión y la moral.
Tradicionalmente el punto de apoyo de la cultura era Dios, el cual
fundamentaba los valores. Tanto Dios como el fundamento de los
valores se situaba en el "más allá". Luego la modernidad trató de
trasladar el fundamento de los valores hacia el "más acá": se
trataba de valores humanos y nada más. El postmodernista no cree
en el más allá ni en el más acá como fundamento de valores.
Religión desacreditada.
i
Ha desacreditado a la religión.
Sospecha de ella porque ha sido rémora en muchos casos para la
ciencia, porque ha motivado tensiones y guerras, porque no tiene
un fundamento claro. Entonces no hay punto de referencia.
Nietzsche: hemos borrado el horizonte... ¿a dónde vamos? No vamos a
ninguna parte. Es ridículo esperar la salvación de un pasado, como
lo es renunciar al momento actual en aras de un futuro del que
ignoramos todo. No existe la utopía. La vida no tiene un hilo
conductor. Está hecha de fragmentos. En todo caso interesa
aprovechar el momento presente, lo único que tenemos entre manos.
No hay historia, solo hay una nada y una sinrazón que todo lo
empapa.
i
Tenemos que pasarlo bien.
La modernidad se asoció a la
figura mitológica de Prometeo. Ya saben: el héroe que robó el
fuego a los dioses a favor de la humanidad. Un héroe esforzado,
capaz de compromisos y utopías, al precio que fuera. El precio fue
que los dioses lo mantuvieron atado a un árbol mientras un buitre
le comía el hígado. La postmodernidad prefiere otra figura
mitológica: Narciso. El que fundamenta su persona sobre el
hedonismo y la estética. El hombre postmoderno cultiva
desmesuradamente su yo: cosméticos, operaciones, modas... Su
voluntad es la última norma del bien y el mal. La verdad, la
belleza, la moralidad es lo que él dictamina. Este egoísmo o
egotismo le lleva a una profunda soledad. Ríe y sonríe, aparece en
los medios, pero en el fondo está solo.
i
Intimismo y consumismo.
Por tanto el postmoderno se desinteresa de lo que sucede en la
sociedad. No es su problema. Murieron los grandes ideales éticos y
las luchas por lograr la victoria de un partido y una política que
mejorar el mundo. Ahora uno se contenta con darle vueltas a su
intimidad. Se mira una y otra vez a sí mismo, como Narciso en el
arroyo. Tiene sed de placer en sus diferentes vertientes: sexo,
droga, velocidad, música, play station. Uno se refugia
dentro de sí mismo y a veces hasta sucede literalmente:
adolescente que no sale de su habitación y se vuelca en internet,
música y juegos.
i
Un hombre o mujer light.
Persona individualista que da vueltas a sí mismo. Subjetivo en lo
moral, lo religioso y lo político. Indiferente al sentido de la
vida, a la trascendencia, a las utopías, propenso a desfallecer.
Siempre es espectador: se entera de todo mirando la TV, pero no se
compromete a nada. Quebradizo, inconsistente. La levedad del ser,
se titula una novela que describe estas actitudes y
comportamientos.
4.
Retos de la postmodernidad a la fe cristiana. Estos rasgos del
hombre postmoderno levantan retos y desafíos a la fe. Nos sugieren
cómo actuar de modo que seamos capaces de decir algo que vale la
pena.
i
Tenemos derecho a criticar al hombre light. Su poco compromiso, su
capacidad acomodaticia, su sincretismo. Pero no desde unas ideas y
actitudes pre-modernas: sin respetar el pluralismo, ni la
democracia, queriendo imponer la fe o la moral. No. Desde ahí, de
ninguna manera. No se nos entenderá, más bien se nos despreciará.
i El tipo de inculturación de la sociedad al que aspiramos no es el
de imposición, sino el de la levadura. La Edad Media configuró la
sociedad: misa, ángelus, refranes, fiestas... La inculturación que
se nos pide es la de ser levadura, la de invitar. Si quieres... ven
y sígueme. Lo contrario no hace más que generar rechazo.
i El individualismo y el relativismo, la amoralidad, dejan un poso
de tristeza. UN vacío enorme. Aparecen los sucedáneos, por
ejemplo, los clubes. Con su liturgia, sus himnos, sus slogans, sus
ídolos, el fervor de las masas, las concentraciones...
i Resignémonos a que no podemos competir con los MCS. Ellos tienen
presupeustos y estrellas inalcanzables. Explotan la moda, los
protagonismos, el glamour. Acuden a los reportajes brillantes, a
la simultaneidad... El medio es el mensaje. El misterio, la
trascendencia, no encajan bien con los medios de la postmodernidad:
TV, video, cine.
i Hay datos que producen antipatía y originan rechazo: ser poco
urbanos, no valoración de la mujer, de los laicos. Reproches
constantes de la jerarquía a la sociedad, entrometerse en las
conciencias, dictaminar sobre todo, actitudes malhumoradas.
i Finalmente: la religión tiene que tener una dosis mayor demisterio,
de trascendencia. Muchos que se han alejado tienen la misma queja
en los labios ante nuestras celebraciones: "no me dice nada..."
5. La religión de la Nueva Era.
La
postmodernidad se asocia a la NE.
i El término
Nueva Era o New Age utilizado durante la segunda mitad del
siglo XX
y principios del XXI se refiere a la
Era de
Acuario y nace de la creencia
astrológica
de que el
sol
pasa un período de tiempo (era) por cada uno de los
signos del
zodíaco. Según esta creencia, la Era de Acuario
marcaría el comienzo de un cambio en la conciencia del ser humano,
que ya estaría empezando a notarse y que llevaría asociado un
tiempo de prosperidad,
paz
y abundancia.
i
Este
movimiento, a diferencia de otras religiones, carece de textos
sagrados, de una organización central, de membrecías, sacerdocio,
de dogmas... Es un movimiento espiritual libre, una red de
practicantes y creyentes que comparten ideas y prácticas varias.
Los escritores sobre sus temas típicos toman el lugar de una
organización central. Los seminarios, convenciones, libros y
grupos informales. A este propósito recientes encuestas en USA
indican que uno de cuatro creyentes creen en un concepto no
tradicional de la naturaleza divina, generalmente en cuanto a
definirlo no persona y como energía superior.
i
Las Fuentes de la NE se pueden rastrear en elementos de Hinduismo,
Tradiciones gnósticas, Taoismo, Astrología, Channeling,
Movimientos neopaganos... Algunas creencias fundamentales:
Panteísmo, Reencarnación, Karma, Aura, Responsabilidad ecológica,
Nuevo Orden (Acuario), Transformación de la conciencia. Y alguna
prácticas fundamentales de la NE: Channeling, Cristales, Música
peculiar, Meditación, Adivinación, Astrología, Salud holística (a
través de numerosos métodos), Potencial humano...
6. Elementos positivos o aprovechables de
la NE.
i Se recupera la dimensión
religiosa, espiritual y mística. La modernidad favoreció un
ateísmo agresivo, un secularismo radical, desencantó el mundo. La
NE reacciona e intenta llenar el vacío de lo sacral y recuperar el
sentido místico hacia la trascendencia (aunque de un dios diverso
del cristiano se trate). Da un toque de atención a la religiosidad
tradicional demasiado cargada de dogmas, ritos y preceptos.
Demasiado protagonismo de lo institucional y de una liturgia
recargada. Poco espacio a la espontaneidad y al sentimiento.
i Invita a ser más respetuosos con
Dios. A El nadie lo ha visto, dice Jn. Luego no recurrir a la
verborrea, no manipularlo con medallas y milagros. No lo conocemos
como si jugáramos con El a las cartas cada noche. Más respeto.
Recuperar la tradición de la teología negativa: no decir quien es
Dios, sino quién no es. De hecho: in-material, in-efable,
in-finito...
i Trata de reconciliar religión y
felicidad. Arrastramos el lamentable equívoco de que la renuncia,
el dolor y la penitencia ocupan el centro de la fe y que este
centro es enemigo de la vida, de la belleza y la alegría.
Nietzsche habló duramente al respecto. Naturalmente, hay que
matizar qué se entiende por felicidad, cómo no puede reducirse al
intimismo. Pero también es cierto que la experiencia religiosa
debe ser de carácter integral.
i Favorece el ecumenismo, la
pluralidad, la tolerancia. Cierto que es porque nada es plenamente
verdadero y sí relativo, pero nos enseña la capacidad de ser
pluralistas, de caminar hacia una ética universal. No todas las
religiones son iguales, pero hay que caminar juntos mientras esto
sea posible. Tanto en el compromiso con la sociedad como en una
moral compartida y como en el respeto al camino que cada uno elija
para llegar a Dios (saddana).
i Apela a la responsabilidad hacia
la naturaleza, se preocupa por la ecología. El mundo no es mero
material que conquistar y explotar, sino la madre de la que
dependemos los seres humanos, la inspiración en la creación de la
belleza, la ventana que permite asomarnos a la trascendencia.
i No somos dioses, pero sí imagen
de Dios. Hay que alimentar la autoestima. La gloria de Dios es que
el hombre viva (Ireneo).
7. Elementos negativos, desafiantes.
i Un rostro difuso de Dios, una
religiosidad sin Dios y sin trascendencia real. Experiencia
religiosa repleta de nostalgia, pero que no sobrepasa la
experiencia estética. Todo es dios, yo soy dios. Dios es una
energía. No es el Dios del AT y NT que dialoga con su pueblo, a
quien se le puede tratar de Tú, que se encarna en Jesucristo. Ha
escrito Fergusson: la experiencia de Dios es un flujo, una
totalidad, un kaleidoscopio infinito de vida y de muerte, la
última causa, el fondo de las cosas, el silencio del que provienen
todos los sonidos... la matriz organizadora inexpresable...
i Jesús es una de las grandes
revelaciones de Dios en la historia, una más. Pero el Jesús
histórico poco tiene que ver con la energía crística. Jesús no es
mero revelador de la conciencia profunda, sino Salvador. La cruz
es desterrada definitivamente de la NE. No existe el pecado, sino
el error o la conciencia poco evolucionada.
i
Una espiritualidad pragmática: dice reconciliar la felicidad con
la espiritualidad, pero su religión solo procura intereses y
objetivos utilitarios. La espiritualidad comienza y acaba en la
persona. No hay diálogo, sino monólogo. La salvación se consigue a
bajo costo: basta cambiar la conciencia para dominar las fuerzas
adversas, para que desaparezca el dolor y la enfermedad. Es
excesiva la promesa de cambiarlo todo con solo crecer en la
conciencia. No hay compromiso, no hay ascética. Sí, en
cambio, mucha curiosidad y deseo de esoterismo.
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