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TALLER DE FORMACIÓN DE EQUIPOS
SEGUNDA ETAPA: EL IDEAL

Una vez que los participantes se conocen, se aceptan y han
consolidado su relación mutua, el ambiente del grupo está maduro
para dar un nuevo paso que es el de configurarse como equipo. Para
esto definen su ideal como equipo y optan por una línea de vida y
acción que les permita llevarla a cabo. Este momento del grupo se
introduce con un tema de reflexión y sigue con una serie de pasos
que presentamos a continuación.
Tema 15
LA CONTEMPLACIÓN, DISCERNIMIENTO Y
OPCIÓN
Todos los valores
del Evangelio son propios de todos los cristianos y estamos
llamados a vivirlos todos y cada uno de ellos. Pero como hemos
visto antes cada espiritualidad acentúa uno o varios valores del
Evangelio según el Espíritu Santo le inspire.
Por eso, el centro
de una espiritualidad es la opción que le da sentido. Sentido es
la razón, el motivo que nos impulsa y nos mueve a realizar lo que
hacemos.
La espiritualidad de
la comunión que es la que nos propone el Concilio Vaticano II y la
que anima nuestro plan de pastoral parte de una opción o decisión
por el amor solidario que construye la comunidad.
Dentro de esa
espiritualidad comunitaria se dan muchos tipos de servicios
necesarios para construir el bien común. Pensamos por tanto en la
espiritualidad de un equipo de servicio que quiere comprometerse
en una determinada línea de acción en función del bien del
conjunto.
En este caso
pensamos en la formación y en la tarea de los Equipos Diocesanos
de Animación Pastoral (EDAP), de los Equipos Zonales (EZAP) y de
los Equipos Parroquias de Animación Pastoral (EPAP). Con las
debidas modificaciones podemos aplicar el proceso a cualquier
equipo de servicio, comisiones y grupos de trabajo (pastoral
familiar, juvenil, catequesis, etc.).
Para definir y
mantener viva la espiritualidad de un grupo se requieren una
actitud y un ejercicio constante de tres momentos: contemplación,
discernimiento y opción.
Vamos a ensayar estos tres momentos en los pasos de la Etapa del
Ideal. Dijimos ensayo, porque estos tres momentos están llamados a
ser algo común en nuestra vivencia de esta espiritualidad que
surge de la presencia viva del Espíritu en el corazón de las
personas y del Pueblo de Dios.
1.
Contemplar
¿Qué quiere decir
contemplar? (se deja un momento para que los que quieran digan su
explicación).
Contemplar: es mirar
fijamente, buscando lo que hay dentro de lo que vemos. Por
ejemplo, contemplar una flor es mirarla fijamente, descubrir sus
detalles, maravillarme, detenerme en su belleza, es decir, buscar
lo que hay dentro de ella.
Contemplar es
dirigir nuestra mirada a la realidad para conocerla y percibirla
tal cual es en toda su profundidad. Nos concentramos en esa
realidad tratando de descubrir todos sus detalles, sus
características, lo que le es propio, lo que hay dentro de ella.
Ahora bien, nuestra
contemplación es una mirada a la realidad, realizada desde el
corazón iluminado por el amor de Dios. Dios contempla a sus hijos
e hijas con una ternura preferencial. Esta es la actitud que
queremos asumir en la medida de nuestras posibilidades.
Y al contemplar no
sólo vemos la realidad desde Dios sino que buscamos ver a Dios
mismo en esa realidad. Toda la creación ha salido de sus manos y
tiene su sello. Y, más aún, las personas estamos hechas a su
imagen y semejanza por lo que en cada persona Dios está presente.
Todas las cosas, y
todavía más las personas, todas ellas, son lo que son porque Dios
"es en ellas". Dios
está presente en toda realidad, invitándonos, desafiándonos,
interpelándonos y esperando que realicemos la pare que nos
corresponde.
Por ejemplo: en la
misma flor al contemplarla descubro su belleza y viendo más
adentro me encuentro con su Creador, fuente de tanta hermosura.
Otro ejemplo nos
puede ayudar para comprender mejor: Muchas veces la mamá y el papá
contemplan a su pequeño hijo que está durmiendo. Lo miran, lo
remiran, quieren penetrar sus pensamientos, sueñan su futuro.
Descubren tantas cualidades lindas y hermosas que hay en él.
También recuerdan sus debilidades y problemas. Dan gracias a Dios
por el regalo de su hijo. Le piden para sea mejor cada día.
En la contemplación detectamos de una vez los ámbitos o campos en
los que Dios se hace presente, aquellos en los que está ausente y
la entrega que se nos pide para adelantar el futuro de Dios. Es
decir, que vemos donde Dios está presente y dónde Él no está
presente, dónde falta y dónde se manifiesta su amor.
2.
Discernir
¿Qué quiere decir
discernir, discernimiento?
¿Qué palabras
nuestras expresan el discernimiento?
(Se deja un momento
para los que quieran expresar lo que entienden por discernir,
discernimiento).
Todos conocemos lo
que es cernir arena, lo que es colar, lo que es cedacear, lo que
es demachar el arroz. De un lado se queda la paja y del otro el
fruto bueno.
Dios a todos sus
hijos e hijas les ha regalado la capacidad de discernir.
Discernir: es un don del Espíritu que nos conduce y nos da la
calidad y la claridad para caer en la cuenta en una realidad
global de aquellos aspectos en los que se hace indispensable
actuar para lograr una transformación.
Este es el elemento
de la sabiduría que Jesucristo ha regalado a la Iglesia y que se
hace presente y actuante por la acción del Espíritu.
Esta sabiduría nos
permite entresacar y cernir lo que es de Dios en una realidad
determinada para apoyarlo, desarrollarlo y potenciarlo. Y nos hace
conscientes de lo que en ella daña, obstaculiza y destruye el plan
de Dios y nos mueve a transformarlo de aquello que visto desde
Dios, no es suyo ni nos satisface.
A través del
discernimiento el Señor nos ayuda a descubrir su Voluntad en una
circunstancia concreta y me lanza a responderle realizando eso que
Él me propone.
Por eso, el
discernimiento es una consecuencia de la contemplación en la que
descubrimos la presencia de Dios y los vacíos de Dios e intuimos
el esfuerzo que se nos requiere para llenar esos vacíos y
adelantar el momento en que Dios sea Todo en todo.
Para discernir es
necesario, por un lado contemplar detenidamente el ideal que nos
mueve y, por otro lado, contemplar las necesidades más apremiantes
en el ámbito o campo en que nos disponemos a servir.
Un ejemplo de discernimiento: Al contemplar su hijo el papá y la
mamá descubrieron que su hijo es muy bueno, saludable y familiar,
pero que de unos meses para acá se ha vuelto rebelde, no estudia
ni quiere trabajar. Entonces, ellos hacen un discernimiento
buscando cómo hacer para ayudar a su hijo, por dónde comenzar, qué
Dios les pide en este momento.
3. Optar
¿Qué es optar?
¿Qué es una opción?
(Se deja que los
participantes digan su parecer).
Opción: quiere decir
decisión desde adentro, firme, comprometida. Es una elección que
hace una persona entre varias propuestas.
Por eso, en nuestro
caso, la opción implica un compromiso activo de las personas del
equipo. Es decir, una decisión personal desde su corazón y una
decisión pública de asumir hasta sus últimas consecuencias por lo
que se ha elegido vivir y trabajar.
Optar es el
resultado del proceso de contemplar y discernir. El proceso de
optar lleva al ser humano a adentrarse en su conciencia donde se
hace y gesta la decisión.
En el interior de su
conciencia, a la luz de la realidad contemplada, ha descubierto el
camino mejor tomado, la decisión de hacerlo suyo. Ahora se
comprometerá con los demás miembros del equipo en una opción
común.
En este momento se
trata de una opción global y de conjunto, no sólo de unas
actividades sino de todo el plan pastoral a seguir con todas las
implicaciones personales y grupales que conlleva.
Optar significará
dejar otras cosas y establecer cuales van a ser las aportaciones
de cada uno en términos de tiempo, de cualidades que se aportan y
de renuncias que se exigen.
Más adelante se
determinará cada paso y se perfilarán los detalles de la acción a
seguir. Entretanto las personas han definido la línea de acción
con la que se quieren comprometer, que es el bien común.
Contemplación,
discernimiento y opción, pasan pues a ser un ejercicio comunitario
en el que todas las personas, sintonizadas en la misma onda del
amor de Dios, colectivamente y desde el corazón mismo de Dios, se
afanan para facilitar y favorecer la acción del Espíritu.
Traducido en
acciones, el Equipo asume conjuntamente los aspectos sobre los que
hay que actuar y se compromete primero, a desarrollar un plan
-es decir, a traducir el ideal en objetivos
alcanzables- y luego a llevarlo a cabo.
En el ejemplo del papá y de la mamá se trata de decidirse a
realizar aquello que descubrieron que Dios les pedía realizar a
favor de su hijo. Se disponen con todas sus fuerzas a realizarlo.
PASOS O
EJERCICIOS DEL PROCESO
En este momento
iniciaremos un proceso en el cual los miembros del grupo
profundizarán en la idea inicial del grupo y perfilarán la
fisonomía o forma propia como equipo de servicio. Identificarán
los valores y convicciones que los motivan y describirán cuál es
el servicio concreto que se les pide.
Se trata de
contestar estas preguntas:
¿Quiénes somos?
¿Para qué nos
reunimos?
¿Cómo lo vamos a
hacer?
¿En qué ámbito
proyectamos nuestra acción?
¿Para qué
destinatarios?
Para responder a
estas preguntas es necesario que cada Equipo dé los siguientes
pasos:
1. Identificar a los
destinatarios de su acción.
2. Observar y
contemplar la realidad de los destinatarios en vistas a la acción
a realizar.
3. Identificar los
valores específicos y convicciones que motivan su acción: definir
su credo.
4. Evocar la
situación ideal que se quiere obtener a través de la acción:
elaborar la visión.
5. Elaborar la
declaración de la Misión del Equipo.
6. Conocer la
misión.
7. Opción por la misión.
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