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TALLER DE FORMACIÓN DE EQUIPOS
PRIMERA ETAPA: LAS RELACIONES

Tema 10
VIVIR Y COMPARTIR LA RECONCILIACIÓN
1. Introducción
Después de haber
entrado en el ámbito de la intimidad a través de los ejercicios de
escucha de sentimiento, los participantes pueden darse cuenta de
la riqueza que posee cada uno y que sólo a través de la
manifestación de sí mismo y de la acogida por parte de los demás
es que puede compartirse realmente esta riqueza.
Este compartir a
nivel íntimo hace posible la reconciliación consigo mismo y con
los demás que, a su vez, permite crear un ámbito de armonía y de
liberación interior.
Aún cuando no haya
habido afrenta directa, ni razón aparente para el perdón
explícito, la "reconciliación permanente"
es la reunificación de todo y el reconocimiento del regreso a la
armonía.
Más que un hecho o
evento específico, es una actitud y un estilo de vida que pone a
todos en igualdad de condiciones, es decir, es reconocer que todos
somos vulnerables. Cuando decimos "vulnerables"
queremos darle el significado de la susceptibilidad que todos
tenemos a la desarmonización y la dispersión en referencia con
Dios, con la naturaleza, con los demás hermanos y hermanas y por
supuesto con nosotros mismos.
Como miembros de la Iglesia se puede compartir y transmitir, por
tanto, el perdón en actitud permanente para readquirir la armonía.
El facilitador
presenta la dinámica:
Tal vez de los
ámbitos más reconocidos y más privilegiados para la
reconciliación, es el de la Iglesia. Desde el ejemplo de Jesús,
que mostró la actitud de perdón permanente como sanación total de
la persona, la reconciliación cobra una dimensión de restauración
y de transformación total para las personas cristianas.
Este ejercicio está
destinado a reconocer y a acoger el perdón de Dios como ejercicio
permanente. La reconciliación como actitud permanente vivida en la
comunidad, se extiende a los diferentes conjuntos de personas y a
las instituciones incluyendo a la Iglesia. Y esta reconciliación
con la Iglesia supone reconocer que ésta es también humana y
siempre en necesidad de renovación.
Reconciliarnos con
la Iglesia es, por tanto, sanar nuestras propias heridas como
miembros de la comunidad eclesial.
En nuestro caso
supone también, pacificarnos con nuestra propia historia, sanar
nuestro pasado y, como hemos dicho, reconocernos todos igualmente
vulnerables. Este gesto nos acerca como miembros de este grupo, de
la comunidad más amplia, y en definitiva como Iglesia.
El perdón y la
reconciliación hay que entenderlos en el contexto de la abundancia
de paz, crear un ambiente de perdón constante. Significa tomarse
en serio la conversión, aceptar plenamente la posibilidad de
cambio para mejorar juntos en la línea del amor, de la paz, de la
justicia.
"Entonces
se adelantó Pedro y le preguntó: Señor, y si mi hermano me sigue
ofendiendo, ¿cuántas veces lo tendré que perdonar?, ¿siete veces?
Jesús le contestó: Siete veces no, setenta veces siete"
(Mt. 16,21-22).
2. Reflexión personal
Cada participante
reflexiona y prepara una respuesta a la siguiente pregunta:
Menciona algún hecho
concreto en que te has sentido herido o herida en el ámbito de la
Iglesia.
También puede ser en
la familia o lugar de trabajo.
¿Qué proceso has
vivido o puedes vivir para sanar esa herida?
¿Qué podrías hacer para asumir la reconciliación permanente?
3. Comunicación en grupo
3.1 Momento personal
Cada persona relata
su experiencia respondiendo a las preguntas planteadas.
Se advierte que esta
vez la paráfrasis se hará espontáneamente. Cualquiera de los
participantes puede hacerla a partir de la comunicación que se
acaba de escuchar, poniendo especial atención en reflejar los
sentimientos que expresó el comunicante.
Puede servir la
siguiente fórmula como ejemplo:
"En resumen, tú nos
has dicho que.... y que esta experiencia te ha hecho sentir...."
"Además, percibo que
sientes...."
Luego de cada
paráfrasis se confirma con la persona comunicante, los
sentimientos percibidos.
3.2 Acogida de
los sentimientos
Una vez terminada la
comunicación de todos los participantes, el facilitador u otra
persona en nombre del grupo lee de forma pausada y respetuosa, lo
siguiente:
"Como familia de
Dios, como hermanos y hermanas, nos disponemos a acoger, estos
sentimientos que expresan nuestra reconciliación.
El facilitador
invita a cada persona que acogió la comunicación y reflejó el
sentimiento de la otra, a que ahora se dirija a ella con la
siguiente frase:
(Se dice el nombre
de la persona)_______________, quiero compartir contigo la
experiencia de __________________ (resumo lo que el otro ya
relató), y que juntos nos podamos abrir al perdón que vivimos en
Dios.
El facilitador hace la primera intervención para dar un modelo de
cómo realizarla.
4.
Oración final: Motivación bíblica
El perdón y la
reconciliación hay que entenderlos en el contexto de abundancia en
que situamos el Reino de Dios. Si el Reino de Dios es "el
mundo al revés", es decir, la total
subversión de nuestros valores habituales, la abundancia del
perdón es la expresión más significativa de la realización del
Reino entre nosotros.
Escuchemos:
Mt. 18,15-35
Silencio.
Se puede hacer una oración de sanación interior. Se ponen en
círculo y el que quiera que se rece por
él o ella se sienta o se pone de rodillas en el centro.
Se le impone las
manos sobre la cabeza y el hombro y se pide por la liberación y
sanación de esas heridas.
Al terminar todos
dicen:
"Todos somos Iglesia
y en nombre de ella, nos ofrecemos en abrazo sincero y profundo de
perdón, de reconciliación y de paz".
Se dan un abrazo de paz. Concluye con un canto alegre.
5.
Evaluación
¿Cómo nos hemos
sentido?
¿Qué significado tiene lo que hemos hecho?
¿Cuáles son las aplicaciones posibles de la sesión de hoy?
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