Con el corazón en la mano (bloc msscc)

 

 

 

11 mayo 2007

 

 

 

TALLER DE FORMACIÓN DE EQUIPOS


 

PRIMERA ETAPA: LAS RELACIONES

 

 

 

 

 

Tema 3


LA EMPATÍA EN EL MARCO DE UNA ESPIRITUALIDAD DE COMUNIÓN

 

 

Las relaciones entre los que lo componen es lo primero en la vida de un Equipo. El ideal y la tarea se viven y crecen en la medida en que los que forman un Equipo se relacionan y se tratan como verdaderos hermanos.

 

Se trata de que entre todos los miembros del Equipo exista una sincera empatía entre todos y cada uno de sus miembros. Ahora analicemos juntos en qué consiste la empatía, cómo entra dentro de la espiritualidad de la comunión y cómo la desarrolló Jesús, quien es nuestro modelo.

 

 

1. ¿Qué es la empatía?

 

La palabra empatía proviene de la raíz griega "pathos" que significa sentimiento. El término empatía es adoptado por la psicología humanista de Carl Rogers, para quien la empatía es la capacidad de acoger los sentimientos de la otra persona desde su propia perspectiva. Es meterse en los zapatos de los otros, en la piel del otro, para verlo como él se ve.

 

Un ejemplo nos puede ayudar a comprender lo que es la empatía:

 

En un templo de Chiapas, México, un turista preguntó al guía indígena: ¿qué significa el espejo que aparece en el pecho del santo?

El guía respondió: "Al indio, mientras reza, le gusta verse en el corazón del santo".

 

Eso es la empatía: es poner en nuestro corazón al otro. Es una acogida cálida y respetuosa de la persona que está frente a nosotros. Es la capacidad de acoger al otro en su propia realidad. Lo que la otra persona siente en su corazón, aunque pueda parecer un disparate para el que lo escucha, es algo muy grande y muy importante.

 

La empatía con el otro nos permite entrar en los sentimientos del otro como él los siente, como él los está viviendo, no como me parece a mí o como yo quisiera que fuera, sino como él los está viviendo.

 

Es hacer mía la situación del otro como si fuera a mí que me estuviera pasando. Es sentir al otro y lo suyo en mi corazón.

 

 

2. La empatía dentro de la espiritualidad de la comunión

 

La empatía entra de lleno dentro de la espiritualidad de la comunión, que está enraizada en la contemplación de la Trinidad, donde cada persona vive de la otra, con la otra, por la otra y para la otra, desde siempre entrelazadas e interpenetradas.

 

Es Jesús, Verbo Encarnado, quien nos ha dado a conocer esa empatía trinitaria. Es Él quien nos introduce intencionalmente en el ámbito del diálogo íntimo de la Trinidad. Él nos da a conocer "que la vida divina es comunión trinitaria. Padre, Hijo y Espíritu Santo viven en perfecta intercomunicación de amor, el misterio supremo de la unidad. Y desde allí procede todo amor y toda comunión, para grandeza y dignidad de la existencia humana".

 

Con su encarnación, Cristo se hizo el modelo principal de la empatía al despojarse de su rango divino para hacerse uno de nosotros (leer Filip. 2,5-11). Él entró en nuestra vida dejando a un lado lo suyo. Eso es la empatía: despojarme de mis ideas, de mis criterios, de mis sentimientos, de lo que yo creo o pienso, entrar en la vida del otro, es decir, encarnarme en la vida del otro.

 

La empatía nos lleva ser uno con todos, para compartir con todos la propia vida y acoger la realidad de los demás con actitud entrañable. Así hacemos como Jesús que acogía a todas las personas sin importarle si eran pecadores o justos.

 

Él aceptaba la realidad de la otra persona, la respetada y entrada en diálogo con ella. Cuántas veces en el Evangelio lo encontramos dialogando.

 

Por ejemplo con la samaritana junto al pozo de Siquén, en la actuación del padre del hijo pródigo o en el pasaje del banquete de Zaqueo. Son ejemplos de la actitud amorosa y acogedora de Jesús, que ofrecen, a su vez, numerosos elementos de la que podríamos llamar una práctica pastoral basada en la empatía.

 

Su diálogo siempre lo hacía desde donde estaba el otro. Así hizo con la samaritana que desde sus tradiciones fue comprendiéndola hasta descubrirle que Él era el don de Dios, el agua viva.

 

Este diálogo lleva comprensión y la capacidad de entender con mente amplia la realidad, las necesidades y sentimientos del otro.

 

Implica que haya sensibilidad para sentir con el otro y hacer míos sus sentimientos. Se trata de dejar a un lado por un momento nuestras propias necesidades y aceptar, profunda y respetuosamente la realidad de la otra persona.

 

Así podremos atender más ampliamente a su experiencia humana y saborear la calidad de su riqueza personal.

 

Pero sobre todo la empatía atiende a la persona humana como protagonista y al acogerla le hace descubrir su propia dignidad y le hace descubrir sus propias posibilidades personales para leer su historia y tomarla en sus manos con responsabilidad de cara al futuro que se le abre con muchas alternativas para su desarrollo.

 

 

3. Características de una espiritualidad de la empatía

 

Visto todo lo anterior podemos hablar de una espiritualidad de la empatía, que quiere decir una manera de ver, de ser y de actuar en el mundo que comienza con el escuchar al otro, pero que en su proceso de desarrollo se vuelve un camino de imitación de Cristo, es decir, un camino de santidad hasta dar la vida para que viva el otro.

 

Para que nos entendamos mejor es importante que comprendamos que quiere decir espiritualidad. Como su nombre lo indica es vivir según el Espíritu Santo. Es la manera concreta como cada uno se deja llevar por el Espíritu Santo en el seguimiento de Jesús, en uno de sus valores o aspectos de su vida y de su Evangelio. Es encarnar uno de los valores del Evangelio en la propia vida y en todo lo que piensa, dice y hace.

 

Por ejemplo: una persona recibe del Espíritu Santo la llamada a trabajar con los enfermos. Su seguimiento de Jesús, su espiritualidad, será vivir la acogida, la atención, la compasión y el interés de Jesús por los enfermos. Toda su vida girará alrededor de los enfermos y su estilo de vida lo irá acoplando al de Jesús cuando trataba con los enfermos.

 

En el caso de la espiritualidad de la comunión se trata de seguir a Jesús destacando el valor de las relaciones de comunión con Dios Uno y Trino, con los hermanos y con la creación. Se acentúa el seguimiento de Jesús en las relaciones.

 

Otro punto que es muy bueno conocer es que en toda espiritualidad hay dos elementos muy importantes: la Mística y la Ascética.

 

La mística, como su nombre lo indica, está relacionada con el misterio, con Dios. Es el valor, el ideal que motiva, que impulsa, que entusiasma el seguimiento de Jesús en una persona o en un grupo. Es lo que el Espíritu hace vibrar en el interior de la persona y la lanza hasta dar la vida por ese valor del Evangelio, esa misión y ese ideal de Cristo. La mística es lo que nos hace luchar, trabajar y hasta morir para lograr ese objetivo propuesto.

 

La ascética es una palabra griega que significa ejercicio. La usaban los griegos para designar los ejercicios que hacían los atletas para mantenerse en línea para sus competencias. En la espiritualidad la ascética se refiere a los esfuerzos personales y grupales para vivir un determinado valor del Evangelio. Esta ascética se expresa en un método planificado de aplicación y supone unos pasos de desarrollo progresivo.

 

En concreto, la espiritualidad de la empatía inspirada y motivada por la encarnación de Cristo se distingue por la decisión de ser uno como todos, para compartir con todos la propia vida y acoger la realidad humana con actitud entrañable

 

 

4. Reflexión bíblica: El modelo de Jesús

 

Para comprender mejor la manera de Jesús practicar la empatía tal como la experimentó la primera comunidad cristiana; el proceso que sigue en su actitud de escuchar y los resultados pastorales que de hecho, surgen de esta escucha; acerquémonos al texto referente a la aparición de los discípulos de Emaús.

 

Ahora en grupos (o en plenario) vamos a leer el pasaje de Emaús (Lc. 24,13-35), siguiendo estos pasos.

 

Se hace una primera lectura.

 

En una segunda lectura, descubrir los personajes que intervienen, destacando los gestos y las palabras de Jesús en su caminar con los dos discípulos y destacando cada una de las repercusiones que tienen en los discípulos las distintas actuaciones de Jesús.

 

Se hace una reflexión compartida y se van completando los elementos del proceso de Jesús con los dos discípulos.

 

 

Es bueno destacar estos puntos:

 

Jesús reconoce la situación en la que ellos se encuentran.

Se acerca física, emocional y mentalmente.

Entra en sintonía con ellos y con su ritmo vital.

Hace silencio interior que le permite escucharlos.

Dice las palabras adecuadas para facilitar la comunicación de sentimientos.

Les ayuda a entender este suceso desde el ritmo pascual de muerte y resurrección.

Sitúa los datos en su contexto histórico.

Permite que aflore el yo que da unidad al proceso.

Descubre en la comunidad la presencia del Espíritu que construye la comunidad.

 

A esto mismo nos invita Jesús en nuestro trato con los otros, es decir a vivir la empatía con los otros.

 

 

Ejercicios

 

A la luz de estos pasos de Jesús practiquemos la empatía:

 

Se pueden hacer algunos de estos ejercicios:

4Iniciar un diálogo sobre un tema prefijado, primero adoptando posiciones distantes, luego adoptando posiciones proximales. Comprobar las repercusiones de la experiencia en los participantes.

4Entrar en sintonía con la persona y su ritmo vital: Se ponen en parejas y cada uno se fija el ritmo de la respiración de la otra persona y la acompaña durante un tiempo levantando rítmicamente la mano. Luego comparten lo que sintonizaron con la otra persona y qué descubrieron de ella.

 

Distribuidos en grupos de tres personas:

4Una persona narra un hecho breve sobre alguna de sus últimas experiencias de vida.

4Otra hace una paráfrasis de lo que la primera acaba de narrar.

4La tercera evalúa las actitudes con gestos y posiciones de la que hizo la paráfrasis y los contenidos de la misma.

 

Al final dialogan sobre lo aprendido en el ejercicio.

 

4Una persona narra un hecho y entre todos lo contemplamos desde la perspectiva de muerte y vida, de aspectos negativos y aspectos positivos que surgen de ellos.

4Una persona narra una experiencia y entre todos los participantes se contempla el contexto más amplio en el que aquella se ubica.

 

Una vez identificado el contexto se pregunta al grupo, nos preguntamos

 

¿Qué significa este hecho desde la perspectiva de Dios?

 

Se termina el ejercicio con una oración compartida en la que cada participante se hace eco de lo que significó este ejercicio para él/ella.

 

 


 

 

Juan José Genovard Clar, M.SS.CC.