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TALLER DE FORMACIÓN DE EQUIPOS
PRIMERA ETAPA: LAS RELACIONES

Tema 3
LA EMPATÍA EN EL MARCO DE UNA
ESPIRITUALIDAD DE COMUNIÓN
Las relaciones entre
los que lo componen es lo primero en la vida de un Equipo. El
ideal y la tarea se viven y crecen en la
medida en que los que forman un Equipo se relacionan y se tratan
como verdaderos hermanos.
Se trata de que entre todos los miembros del Equipo exista una
sincera empatía entre todos y cada uno de sus miembros. Ahora
analicemos juntos en qué consiste la empatía, cómo entra dentro de
la espiritualidad de la comunión y cómo la desarrolló Jesús, quien
es nuestro modelo.
1. ¿Qué es la empatía?
La palabra empatía
proviene de la raíz griega "pathos"
que significa sentimiento. El término empatía es adoptado por la
psicología humanista de Carl Rogers, para quien la empatía es la
capacidad de acoger los sentimientos de la otra persona desde su
propia perspectiva. Es meterse en los zapatos de los otros, en la
piel del otro, para verlo como él se ve.
Un ejemplo nos puede
ayudar a comprender lo que es la empatía:
En un templo de
Chiapas, México, un turista preguntó al guía indígena: ¿qué
significa el espejo que aparece en el pecho del santo?
El guía
respondió: "Al indio, mientras reza, le
gusta verse en el corazón del santo".
Eso es la empatía:
es poner en nuestro corazón al otro. Es una acogida cálida y
respetuosa de la persona que está frente a nosotros. Es la
capacidad de acoger al otro en su propia realidad. Lo que la otra
persona siente en su corazón, aunque pueda parecer un disparate
para el que lo escucha, es algo muy grande y muy importante.
La empatía con el
otro nos permite entrar en los sentimientos del otro como él los
siente, como él los está viviendo, no como me parece a mí o como
yo quisiera que fuera, sino como él los está viviendo.
Es hacer mía la situación del otro como si fuera a mí que me
estuviera pasando. Es sentir al otro y lo suyo en mi corazón.
2. La empatía dentro de la
espiritualidad de la comunión
La empatía entra de
lleno dentro de la espiritualidad de la comunión, que está
enraizada en la contemplación de la Trinidad, donde cada persona
vive de la otra, con la otra, por la otra y para la otra, desde
siempre entrelazadas e interpenetradas.
Es Jesús, Verbo
Encarnado, quien nos ha dado a conocer esa empatía trinitaria. Es
Él quien nos introduce intencionalmente en el ámbito del diálogo
íntimo de la Trinidad. Él nos da a conocer "que
la vida divina es comunión trinitaria. Padre, Hijo y Espíritu
Santo viven en perfecta intercomunicación de amor, el misterio
supremo de la unidad. Y desde allí procede todo amor y toda
comunión, para grandeza y dignidad de la existencia humana".
Con su encarnación,
Cristo se hizo el modelo principal de la empatía al despojarse de
su rango divino para hacerse uno de nosotros (leer Filip. 2,5-11).
Él entró en nuestra vida dejando a un lado lo suyo. Eso es la
empatía: despojarme de mis ideas, de mis criterios, de mis
sentimientos, de lo que yo creo o pienso, entrar en la vida del
otro, es decir, encarnarme en la vida del otro.
La empatía nos lleva
ser uno con todos, para compartir con todos la propia vida y
acoger la realidad de los demás con actitud entrañable. Así
hacemos como Jesús que acogía a todas las personas sin importarle
si eran pecadores o justos.
Él aceptaba la
realidad de la otra persona, la respetada y entrada en diálogo con
ella. Cuántas veces en el Evangelio lo encontramos dialogando.
Por ejemplo con la
samaritana junto al pozo de Siquén, en la actuación del padre del
hijo pródigo o en el pasaje del banquete de Zaqueo. Son ejemplos
de la actitud amorosa y acogedora de Jesús, que ofrecen, a su vez,
numerosos elementos de la que podríamos llamar una práctica
pastoral basada en la empatía.
Su diálogo siempre
lo hacía desde donde estaba el otro. Así hizo con la samaritana
que desde sus tradiciones fue comprendiéndola hasta descubrirle
que Él era el don de Dios, el agua viva.
Este diálogo lleva
comprensión y la capacidad de entender con mente amplia la
realidad, las necesidades y sentimientos del otro.
Implica que haya
sensibilidad para sentir con el otro y hacer míos sus
sentimientos. Se trata de dejar a un lado por un momento nuestras
propias necesidades y aceptar, profunda y respetuosamente la
realidad de la otra persona.
Así podremos atender
más ampliamente a su experiencia humana y saborear la calidad de
su riqueza personal.
Pero sobre todo la empatía atiende a la persona humana como
protagonista y al acogerla le hace descubrir su propia dignidad y
le hace descubrir sus propias posibilidades personales para leer
su historia y tomarla en sus manos con responsabilidad de cara al
futuro que se le abre con muchas alternativas para su desarrollo.
3. Características de una
espiritualidad de la empatía
Visto todo lo
anterior podemos hablar de una espiritualidad de la empatía, que
quiere decir una manera de ver, de ser y de actuar en el mundo que
comienza con el escuchar al otro, pero que en su proceso de
desarrollo se vuelve un camino de imitación de Cristo, es decir,
un camino de santidad hasta dar la vida para que viva el otro.
Para que nos
entendamos mejor es importante que comprendamos que quiere decir
espiritualidad. Como su nombre lo indica es vivir según el
Espíritu Santo. Es la manera concreta como cada uno se deja llevar
por el Espíritu Santo en el seguimiento de Jesús, en uno de sus
valores o aspectos de su vida y de su Evangelio. Es encarnar uno
de los valores del Evangelio en la propia vida y en todo lo que
piensa, dice y hace.
Por ejemplo: una
persona recibe del Espíritu Santo la llamada a trabajar con los
enfermos. Su seguimiento de Jesús, su espiritualidad, será vivir
la acogida, la atención, la compasión y el interés de Jesús por
los enfermos. Toda su vida girará alrededor de los enfermos y su
estilo de vida lo irá acoplando al de Jesús cuando trataba con los
enfermos.
En el caso de la
espiritualidad de la comunión se trata de seguir a Jesús
destacando el valor de las relaciones de comunión con Dios Uno y
Trino, con los hermanos y con la creación. Se acentúa el
seguimiento de Jesús en las relaciones.
Otro punto que es
muy bueno conocer es que en toda espiritualidad hay dos elementos
muy importantes: la Mística y la Ascética.
La mística, como su
nombre lo indica, está relacionada con el misterio, con Dios. Es
el valor, el ideal que motiva, que impulsa, que entusiasma el
seguimiento de Jesús en una persona o en un grupo. Es lo que el
Espíritu hace vibrar en el interior de la persona y la lanza hasta
dar la vida por ese valor del Evangelio, esa misión y ese ideal de
Cristo. La mística es lo que nos hace luchar, trabajar y hasta
morir para lograr ese objetivo propuesto.
La ascética es una
palabra griega que significa ejercicio. La usaban los griegos para
designar los ejercicios que hacían los atletas para mantenerse en
línea para sus competencias. En la espiritualidad la ascética se
refiere a los esfuerzos personales y grupales para vivir un
determinado valor del Evangelio. Esta ascética se expresa en un
método planificado de aplicación y supone unos pasos de desarrollo
progresivo.
En concreto, la espiritualidad de la empatía inspirada y motivada
por la encarnación de Cristo se distingue por la decisión de ser
uno como todos, para compartir con todos la propia vida y acoger
la realidad humana con actitud entrañable
4. Reflexión bíblica: El
modelo de Jesús
Para comprender
mejor la manera de Jesús practicar la empatía tal como la
experimentó la primera comunidad cristiana; el proceso que sigue
en su actitud de escuchar y los resultados pastorales que de
hecho, surgen de esta escucha; acerquémonos al texto referente a
la aparición de los discípulos de Emaús.
Ahora en grupos (o
en plenario) vamos a leer el pasaje de Emaús (Lc. 24,13-35),
siguiendo estos pasos.
Se hace una primera
lectura.
En una segunda
lectura, descubrir los personajes que intervienen, destacando los
gestos y las palabras de Jesús en su caminar con los dos
discípulos y destacando cada una de las repercusiones que tienen
en los discípulos las distintas actuaciones de Jesús.
Se hace una
reflexión compartida y se van completando los elementos del
proceso de Jesús con los dos discípulos.
Es bueno destacar
estos puntos:
Jesús reconoce la
situación en la que ellos se encuentran.
Se acerca física,
emocional y mentalmente.
Entra en sintonía
con ellos y con su ritmo vital.
Hace silencio
interior que le permite escucharlos.
Dice las palabras
adecuadas para facilitar la comunicación de sentimientos.
Les ayuda a entender
este suceso desde el ritmo pascual de muerte y resurrección.
Sitúa los datos en
su contexto histórico.
Permite que aflore
el yo que da unidad al proceso.
Descubre en la
comunidad la presencia del Espíritu que construye la comunidad.
A esto mismo nos
invita Jesús en nuestro trato con los otros, es decir a vivir la
empatía con los otros.
Ejercicios
A la luz de estos
pasos de Jesús practiquemos la empatía:
Se pueden hacer
algunos de estos ejercicios:
4Iniciar
un diálogo sobre un tema prefijado, primero adoptando posiciones
distantes, luego adoptando posiciones proximales. Comprobar las
repercusiones de la experiencia en los participantes.
4Entrar
en sintonía con la persona y su ritmo vital: Se ponen en parejas y
cada uno se fija el ritmo de la respiración de la otra persona y
la acompaña durante un tiempo levantando rítmicamente la mano.
Luego comparten lo que sintonizaron con la otra persona y qué
descubrieron de ella.
Distribuidos en
grupos de tres personas:
4Una
persona narra un hecho breve sobre alguna de sus últimas
experiencias de vida.
4Otra
hace una paráfrasis de lo que la primera acaba de narrar.
4La
tercera evalúa las actitudes con gestos y posiciones de la que
hizo la paráfrasis y los contenidos de la misma.
Al final dialogan
sobre lo aprendido en el ejercicio.
4Una
persona narra un hecho y entre todos lo contemplamos desde la
perspectiva de muerte y vida, de aspectos negativos y aspectos
positivos que surgen de ellos.
4Una
persona narra una experiencia y entre todos los participantes se
contempla el contexto más amplio en el que aquella se ubica.
Una vez identificado
el contexto se pregunta al grupo, nos preguntamos
¿Qué significa este
hecho desde la perspectiva de Dios?
Se termina el ejercicio con una oración compartida en la que cada
participante se hace eco de lo que significó este ejercicio para
él/ella.
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