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REFLEXIONES
SOBRE LAS VÍCTIMAS
Mirémonos en el espejo de
nuestros mártires

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Publicamos la carta que escribió el Superior General el 22
de julio de 2006 En el LXX aniversario del martirio de
nuestros hermanos del Coll)
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Queridos hermanos y hermanas:
En la vigilia del aniversario del martirio de los siete mártires
del Coll quiero invitaros a una acción de gracias (...). Lo
importante es que se cumpla la máxima de Tertuliano (s. II-III)
según la cual la sangre de los mártires es semilla de cristianos.
Por esto todos recogemos el gesto de perdón con el cual murió el
P. Miquel Pons. Muchos de nuestros hermanos mayores, sus
familiares, fueron testigos de unas circunstancias injustas y
horribles. Pero no debemos pasar por alto algo que todos hace años
podemos saber, reconocer y enmendar: muchos grandes eclesiásticos
se declararon partidarios de mantener la injusticia, de no
renunciar a grandes riquezas, de no alejarse de grandes opresores.
Las historias escritas por autores serios y fidedignos ya por los
años 1970 lo publicaban abiertamente con abundantes documentos.
Por esto, tenemos ocasión de abrir los ojos, y saber que nuestros
hermanos murieron víctimas de un odio a una forma de ser Iglesia
que ellos no representaban. Es una invitación a ver nuestra vida y
examinar cuáles son nuestras alianzas. Si nuestros hermanos en el
momento de ser asesinados perdonaban, bien podemos vivir el "Padre
nuestro" al cabo de setenta años.
En nuestros días se intenta recobrar la memoria de otros muertos.
Tienen tanto derecho como nosotros cuando queremos recobrar la
memoria de nuestros hermanos. No hay personas de primera y de
segunda. Además, algunos hermanos de Congregación tienen a su
padre o a algún pariente próximo asesinado por los que
vencieron la guerra. No seamos tan duros que les condenemos a un
silencio vergonzoso y perpetuo.
Tampoco caigamos en los complejos que nos hagan ignorar a quienes
dieron su vida, en nombre de la Iglesia. Seria ignorar las
palabras de Jesús: "Nadie tiene un amor más grande que el que da
la vida por sus amigos" (Jo 15,13). Hemos de recordar a estos
grandes amigos de Jesús, que ha dado la Congregación y la de las
Franciscanas Hijas de la Misericordia, así como agradecemos la
hospitalidad de esta cristiana que vivió su sacerdocio bautismal
llegando a ser víctima por la hospitalidad, por "dar la vida por
sus amigos".
Recordar unos mártires no significa desconocer a las otras
víctimas. Significa más bien reconocerlas y dedicar la vida a la
reconciliación, para que no haya una sola más.
En Cristo podemos hacer esta síntesis de la reconciliación, que no
es fácil para los que están polarizados por una ideología, por un
partido y por una forma de ver la patria. Cristo es mucho más. No
lo empequeñezcamos imponiéndole unas medidas según nuestros
recuerdos u opiniones. Cristo es víctima y reconciliación, no
ideología y opinión Lo es en nombre de un Dios que, como nos
recordó el P. Fundador, Joaquim Rosselló i Ferrà, desea atraernos
a todos y hacernos felices. Un Dios que quiere la felicidad de la
humanidad ya ahora.
En este LXX aniversario hemos de conseguir que, cuando recordemos
estos hechos, podamos proceder con paz, serenidad y sin condenar a
nadie, como nos pide nuestro Credo. Es lo que pide también la
historiografía más generalizada y documentada. Es la manera de ser
ciudadanos y de pensar en un futuro según el plan del Padre. Hemos
de condenar el mal, que es la iniquidad. En esta historia del mal
el pecado fue una trayectoria de la injusticia social, que separó
los dos primeros mandamientos, que Jesús proclamó semejantes y los
unió.
Si sabemos amar a Dios y al mismo tiempo trabajamos por la
justicia, purificamos la Iglesia. Prevenimos reacciones como las
que provocaron que hubiera personas que mataran, que fueran
asesinos. Es una manera constructiva de reparar a Dios por los
pecados de nuestro mundo, que son los nuestros.
Esto que nos testimonian nuestros hermanos del Coll no sólo vale
en España. Difícilmente hay un país sin víctimas en el s. XX. Es
decepcionante; pero también es verdad. Y la reconciliación es la
única vía cristiana para superar estas divisiones y
enfrentamientos. Por esto, invito a todas las delegaciones y
comunidades a que (...) oremos con nuestros mártires, que celebran
la liturgia celestial, para que nos hagan imitadores suyos en el
perdón (...) Supliquemos la conversión de nuestro corazón.
Os invito a retomar el libro Los atajos de Dios, del P. Manuel
Soler, y del cual saldrá una segunda edición. Más documentación
encontraréis en la Positio, que es bastante breve. Hago esta
invitación, porque bastantes de los que participaron en la XXII
Semana de Artajona (01/06-2006) quedaron sorprendidos de la
calidad de nuestros mártires y descubrimos todos la actualidad del
martirio en nuestro momento eclesial, aquí, en el mundo más
secularizado, en África y en América, en situaciones más injustas,
donde la desigualdad campa libremente y donde abundan los
poderosos que pretenden aliarse a unas formas de ser iglesia, que
favorezca el latifundismo, la desposesión de las tierras, la
opresión de la población tradicional, etc. y en estos lugares hay
mártires como los del Coll, pero víctimas de pretendidos católicos
más amigos del orden que de la justicia.
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