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Los mártires dan credibilidad
a la Iglesia
(Charlas cuaresmales en
valencia)

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La Parroquia de S. Pedro Pascual de
Valencia organizó una semana cuaresmal alrededor del
martirio y concretamente de los mártires del Coll, de la
Congregación de Misioneros SS. Corazones. El Consejo
parroquial, juntamente con el párroco y vicario, PP. Javier
Elcano y Emilio Velasco, invitaron al P. Manuel Soler,
Vicario General de la Congregación a la que pertenecían los
mártires, para dar unas charlas los días 26, 27 y 28 de
abril. El conferenciante ha escrito varias biografías sobre
el particular.
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Primer día: el martirio en
general
La charla
del primer día tuvo un carácter general e introductorio. Versó
sobre el alcance del vocablo "mártir". De ahí se pasó a explicar
que para algunas personas no todo vale en la vida. Hay situaciones
inaceptables y entonces dicen que no, aunque sea a precio de la
misma vida. Extraordinaria lección para una sociedad adormecida y
que acepta de buen grado el hedonismo y el relativismo.
Luego la
charla derivó hacia el primer mártir, Jesucristo, que prefirió
ofrecer la vida antes que plegarse a situaciones de injusticia. Es
el ejemplo de todo martirio. Por su parte, los primeros cristianos
eran capaces de dejarse devorar por las fieras antes que ofrecer
incienso a los emperadores o a los dioses romanos. Algunos morían
con un grito pacífico en la garganta: "Jesús es el Señor". Se
sobrentendía: y no hay otro, por más que así lo proclamen los
poderosos. Ni el dinero, ni el César, ni el poder están por encima
del único Dios. Los primeros mártires desdivinizaron lo que
algunos pretendían que fuera absoluto. Ni siquiera la propia vida
es el valor último.
Los mártires de ayer y de hoy
―que
los hay, y en gran número― dan
credibilidad a la Iglesia. Ella es pecadora y arrastra mucho lodo
tras de sí, pero personas como los mártires logran purificarla y
hacerla creíble para quien no tiene prejuicios.
Luego el
charlista abundó sobre el culto de los mártires desde los inicios.
La charla finalizó con la presentación de un power point acerca de
los nuevos mártires, en particular los de procedencia de
Latinoamérica.
Segundo día: la tragedia del Coll
El segundo
día tuvo como tema el escenario de la guerra civil: las
circunstancias políticas, las ideologías que sobrevolaban el
ambiente, las sombras que también alcanzaron a la Iglesia.
Para muchos
eclesiásticos no cabía otra estrategia que el choque frontal con
el ateísmo, el agnosticismo y el anticlericalismo. No querían
saber de tolerancia, distingos ni diálogos. Ni tampoco con otras
confesiones cristianas. Aunque tampoco este comportamiento logra
explicar la magnitud de la tragedia, la violencia irracional, la
crueldad y el odio que se constata en los múltiples asesinatos, en
los acosos implacables, en la sed de sangre y el afán de ultrajar
a quienes se identificaran con la fe católica.
Las
víctimas eclesiásticas de la persecución comúnmente aceptadas,
desde el inicio de la guerra hasta su conclusión, ascienden a
6.832. En la diócesis de Barcelona se cuenta un total de 279
víctimas entre el clero incardinado en la diócesis en 1936. Más de
un 22% .
En la zona
republicana el culto fue prohibido a lo largo de los tres años.
Oficialmente la Iglesia no existía. La inmensa mayoría de los
sacerdotes o religiosos de ambos sexos que fueron ejecutados no
estuvieron ni lejanamente implicados en las luchas políticas y
menos en las de carácter bélico. El criterio para exterminarlos
radicaba en su estado de vida sacerdotal o religioso. Aunque deba
reconocerse que muchos identificaban Iglesia, injusticia y
burguesía y no por mera casualidad. Atacaron a los eclesiásticos
por considerarlos enemigos de la causa.
En este
escenario de odios desatados y venganzas desmesuradas, les tocó
transcurrir sus últimos días a los miembros de la comunidad
religiosa de El Coll. Los que les conocieron dan un testimonio sin
fisuras: se trataba de personas sencillas, sin iniciativas de
grandes vuelos.
Unos
impartieron clases y tuvieron dificultades para imponer la
disciplina entre sus alumnos. Los Hermanos trabajaron en la
huerta, en tareas domésticas, subieron y bajaron la montaña del
Coll para realizar las compras de cada día. No fueron grandes
líderes, ciertamente, ni tampoco se convirtieron en ningún momento
en focos de conflicto a causa de su desbordante personalidad.
Donde quiera pasaron, no pusieron de manifiesto un carácter
impetuoso, ni un comportamiento fuera de lo común.
Se
aproximaban mucho al perfil del religioso ejemplar de la época:
disciplina, rectitud moral en toda situación, compromiso misionero
en el entorno. Daban clases gratuitas a los niños pobres,
organizaban sesiones de catequesis. No olvidaron el cine religioso
y moral que, por aquellos entonces, ofrecían las parroquias. Entre
sus tareas catequéticas, la explicación dominical del catecismo a
los adultos, el acompañamiento espiritual a unas monjas, la
atención a una escolanía de niños.
Ellos
murieron totalmente ajenos a complots militares, ideologías
políticas y actitudes antigubernamentales. Murieron mártires. Si
en algo los testimonios del proceso resultan repetitivos, y hasta
cansinos, es cuando aseguran que nuestros hombres no tenían que
ver con la política ni manifestaban opiniones sectarias al
respecto.
Estos
relatos iban desgranándose a medida que se mostraban las imágenes
de un power point con fotografías del escenario del martirio y los
rostros de las víctimas.
Tercer día: las lecciones de la
guerra civil
La tercera charla se centró en algunas
lecciones que ofrece la guerra civil
―más
bien incivil― que tuvo lugar
hace setenta años.
iTenemos
más interés en admirar y seguir las huellas que en individuar a
los verdugos que derramaron su sangre. Tenemos que perdonar hasta
setenta veces siete.
iNecesitamos
a los mártires para que nos enseñen perdón y la reconciliación.
Muchos de los asesinos se sentían heridos debido al comportamiento
egoísta de algunos sectores del clero, aliado con terratenientes y
políticos sin escrúpulos.
iLa
inmensa mayoría de los que murieron eran personas sencillas... No
entendieron qué pasaba... Ellos pagaron por otros. Ellos murieron
perdonando. Ellos purificaron el egoísmo que había en las filas de
la Iglesia.
iLos
mártires nos enseñan que no se puede amar a Dios si no se ama al
hermano. Quienes profesaban amor a Dios, pero pisoteaban a sus
semejantes encendieron los odios de los maltratados y reaccionaron
matando. Rezaban unos por la conversión del Papa que había escrito
una encíclica en la que tímidamente apuntaba hacia una convivencia
menos desigual y a repartir los recursos de la naturaleza.
iAlgunos
asesinaron en nombre de Dios. Por Dios se puede morir, pero no se
puede matar. Nos tienen que doler estas otras víctimas tan
injustas y crueles como las del otro bando. Sólo Dios es Señor de
la vida. Quienes matan ofrecen la sangre a los ídolos que se
crean: violencia, poder, ambición, odio... Quien mata es homicida,
aunque es cierto que otros tal vez lo son en mayor grado al atizar
el odio y la desigualdad. No existen ideas, ni intereses, ni
compromisos ni ambiciones que valgan lo que la dignidad y la vida
de una persona.
La charla
terminó con una breve historia de cómo se empezó a venerar a los
primeros mártires y de las normas hoy día vigentes para culminar
una beatificación y finalmente una canonización.
Al final de
la charla se presentó otro power point que cuenta sucintamente la
historia de los protagonistas del Coll, con algunas referencias de
tipo político e ideológico.
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